El precio del cambio

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¿Y tú qué eres, tigre u oveja?

¿Y tú eres tigre o eres oveja?

Ayer nos encontramos con este post. Relata la historia de cuatro mujeres que decidieron coger el timón de su vida y cambiar el rumbo que mantenían hasta este ese momento. Todas tenían empleos estables y bien remunerados, pero su trabajo no les llenaba en absoluto.

Son historias de éxito, en el sentido de que las cuatro afirman que su decisión de cambio ha sido para mejor,  pero ¡ojo! Detrás de esos maravillosos cambios de vida en los que de repente encuentras tu verdadera pasión y logras vivir de ella, no hay píldora mágica. Requieren reflexión, autoconocimiento, planificación, acción, tiempo (y los recursos necesarios para mantenerte ese tiempo sin los ingresos de tu anterior empleo) y cierto grado de renuncia.

Si ya has identificado tu elemento y sabes a dónde quieres llegar, con la intención solo no basta.  Debemos desgranar los cómos, realizar un ejercicio de reflexión y planificación que nos permita hacer realidad ese sueño.

Es fácil animar a alguien a lanzarse a la piscina, pero la responsabilidad de ver cuánta agua hay en ella es del que salta. Los mensajes de cambio fácil, donde alguien de la noche a la mañana pasa de ser una persona gris a convertirse en portada de la revista ‘Guapos, ricos, estilosos y famosos’, no tienen en cuenta que detrás de un cambio importante y voluntario como los que relata el post arriba mencionado, no hay espacio para la improvisación ni puedes dejarlo todo en manos de la suerte.

Reflexión: No te acuestas una noche pensando en las tareas del día siguiente y te levantas por la mañana, decidido a cambiar de vida. Los cambios importantes requieren un proceso de maduración, sin que ello implique dilatarlos tanto que no lleguen a nada.

Autoconocimiento: “Yo lo que siempre he querido ser es astronauta…” Muchas veces idealizamos profesiones o sectores profesionales sin saber realmente si encajan con nosotros o si nosotros tenemos la actitud y aptitud requeridas para ello. El autoconocimiento es clave para elegir con cierto grado de seguridad. Cambiar de vida es un poco más complejo que decidir el color de las paredes de tu casa. Y, aunque una pizca de inconsciencia y de riesgo son necesarias, ir a ciegas es garantía de tortazo asegurado.

Planificación: Si ya has decidido que quieres cambiar de profesión y de vida, no puedes dejarlo todo a la improvisación. Este tipo de decisiones, aunque sean personales, afectan también a todo tu entorno (empleo actual, familia, amigos…). Los pasos necesarios hasta llegar a tu objetivo han de estar mínimamente previstos, aunque luego, sobre el terreno, debamos contar con cierto margen de maniobra, por si las cosas no salen exactamente como habíamos previsto. El plan es el mejor indicador de que nuestro objetivo se está cumpliendo.

Acción: La acción más pequeña vale más que la intención más grande. Las cosas no suceden solo con pensarlas. Hay que hacerlas. Puede parecer una obviedad, pero lo cierto es que nos pasamos la vida fabricando excusas, diciendo lo que vamos a hacer o lo que querríamos hacer, pero sin hacerlo.

Tiempo: Si toda tu vida profesional has estado adscrito a un determinado sector y ahora quieres hacerte hueco en uno totalmente diferente, debes tener en cuenta al menos dos factores: formación y experiencia. Ambas son necesarias para introducirte en cualquier sector y poder obtener ingresos con ello y ambas requieren tiempo y recursos para poder afrontar ese periodo en el que te estás ‘reinventando’.

Renuncia: la libertad de elegir es maravillosa, es lo que diferencia a los tigres de las ovejas, pero atreverte a hacer lo que realmente deseas no es gratis. Es necesario renunciar a la comodidad de lo malo conocido.

Si teniendo todo esto en cuenta, sigues adelante con tu decisión, enhorabuena: casi casi, tienes el éxito asegurado.



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