¿Innovas o diseñas estrategias?

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Mientras las empresas invierten el tiempo en planificar nuevas estrategias que les permitan alcanzar el ritmo de los mercados, los mercados continúan creando nuevos ritmos. O lo que es lo mismo: la innovación a la que queremos sumarnos hoy, mañana ya estará desfasada.

Quizá no con tanta rotundidad, pero algo parecido vino a decir @XavierMarcet en el marco de la jornada: ‘Innovación: ¿ruido o negocio?’, organizada por la FADE, en colaboración con Izertis y Liberbank.

Hablar de innovación es sencillo, lo difícil es innovar, con todo lo que ello implica. Implica, entre otras cosas: pararse (en medio de un contexto donde lo que impera es la prisa y la consecución de resultados contantes y sonantes a corto plazo), mirar con otros ojos y dar margen de error, para poner a prueba la utilidad de esa nueva mirada.

La cuestión es que el mundo no espera y mientras jugamos a innovar con letra pequeña, esto es, con el poco dinero y el tiempo que nos sobra, sacando pecho en eventos y jornadas, contando lo mucho y lo bien que innovamos, la innovación continúa buscando caminos donde desarrollarse por su cuenta.

Para empezar porque la propia palabra es un término gastado apenas antes de empezar a usarlo (casi genera desconfianza, como ocurre con otros como emprendedor, coach, CEO…). Puede que exista una definición del término, pero no hay un discurso único, en materia de innovación, así que todo y nada lo es.

Por otro lado, parece que solo existiera la innovación tecnológica o de producto, pero, ¿acaso no se puede innovar en los servicios? ¿Dónde reside la innovación? La innovación está en la mirada, en la forma en que observamos el mundo que nos rodea. Me quedo con la frase de @XavierMarcet: “Si se puede innovar en un donuts, se puede innovar en cualquier cosa”.

Pero para innovar, es importante dinamizar las líneas de desarrollo. De nada sirve reservar espacios para la innovación, si luego no se hace nada con ello.

Ahora bien, nuestro tejido empresarial, ¿está listo para abordar sus propias innovaciones e implementar las de otros? ¿Tenemos capacidad interna para asumir el impacto de los cambios externos?

Da la sensación de que muchas empresas tienen miedo y de que lo que realmente quieren es volver a estar como hace 12 ó 15 años, donde los aires de cambio se podían retener bajo la alfombra. Lo cierto es que cada día leemos o escuchamos sobre algún proyecto de aquí que ha tenido que buscarse el camino allá. Hay ideas que para encontrar su hueco en el mercado, tienen que salir.

Los procesos de innovación requieren su tiempo. No es: ‘Se me ocurre una idea y nos forramos’. El teléfono móvil empezó a gestarse en los años 60 y los primeros modelos en salir al mercado lo hicieron ya en los 90.  ¿Innovar es rentable? ¿Aporta valor? Sí, pero no a corto plazo. Por eso, la innovación debe generar tensión y estar integrada como una pieza clave de la cultura de cambio que se impone a marchas forzadas. Si se toma como un juguete para los ratos muertos, puede llegar a convertirse en un lastre.

Es hora de tomar la innovación en serio, porque los números no engañan -muchas personas empiezan a estar fuera de los márgenes de la empleabilidad y muchas otras lo estarán a corto plazo- y los cambios se imponen sin tener en cuenta si nuestra sociedad está laboralmente preparada para asumirlos.

Innovar es crear oportunidades, unir los puntos, usando como referencia mapas distintos a los que ya hemos recorrido hasta la saciedad, en busca de lugares nuevos. Innovar no es adaptarse al ritmo de los mercados, sino sentar las bases para crear nuestro propio ritmo.



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